Miércoles, 11 de Abril de 2012 10:07

En la serie de notas especiales que este diario brindó en vinculación con los 30 años del desembarco de tropas nacionales en Malvinas y que tantas vidas jóvenes costó al país, figuraron declaraciones de uno de los tresarroyenses presente en aquella acción bélica, que no dejó de señalar que el trato que ya prisioneros recibieron los militares británicos, fue mejor que el que lograban de los propios oficiales de las fuerzas argentinas.
No es una anécdota más, porque traduce una actitud exagerada de dominación, de ejercer un mando militar de forma irrestricta en detrimento de los soldados que habían sido enviados a luchar por capricho de un régimen militar.
Pero es interesante agregar un pequeño comentario, que avala completamente lo que decía el entonces conscripto tresarroyense que formuló la reflexión a nuestro diario. Se trata de una serie de declaraciones consignadas en un diario de circulación nacional por quienes fueron a la Guerra de Malvinas y pertenecían a la religión judía, extraídas del libro sobre el tema que escribió Hernán Dobry, titulado "Los rabinos en Malvinas. La comunidad judía argentina y el antisemitismo".
Afirman en diez entrevistas que "humillaciones, golpes y violencia sicológica son algunos de los padecimientos 'extras' que debieron sufrir muchos soldados judíos, víctimas del antisemitismo de sus superiores". Cuando todos arriesgaban la vida en una empresa militarista que ningún gobierno democrático posterior avaló en lo más mínimo y hasta se pronunciaron en contra tajantemente, el trato recibido por pertenecer a una religión presente en el mundo entero, aprobada como culto legal en nuestro país, pareció ser un elemento fuera de toda actitud de respeto y justicia.
Uno de esos ex conscriptos lo describía así: "Había una cosa de si uno era argentino o no. Era como por el hecho de ser judío, no se terminaba de ser argentino".
Otro expresó: "Cada tanto me decían 'judío de mierda' y cuando no, me daban una sobrecarga de trabajo. Por ejemplo, hacer un pozo y luego taparlo y empezar otro. A los demás, no les hacían eso".
Un tercero: "El teniente primero que nos acompañaba era el hijo de Adolfo Hitler, porque era nazi y se vestía igual. Se paró al lado mío y me dijo: 'Voy a llevar soldados criollos, no un judío'".
Otra manifestación: "No estaba en la lista original para ir a Malvinas y terminé yendo, por ser judío; si no, no me tocaba".
Finalmente, para que no queden dudas: "Flores Ardoino (jefe militar) me castigó todos los días de mi vida en Malvinas por ser judío. El tipo se ufanaba de lo que hacía, era feliz viéndome sufrir".
No en vano los estudiosos dicen que las actitudes antisemitas en América Latina y la Argentina, son mucho más fuertes que en otros lugares del mundo. Al parecer eso estuvo influenciado por las campañas nazis desde 1930 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial; tras ello, desde 1960, por la propaganda árabe y finalmente, los sociólogos dicen que la intolerancia racial y religiosa es similar a la segregación que afecta a otros grupos étnicos y sociales.
El vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, Raanan Rein, en un libro sobre el judaísmo en la Argentina, sostiene que pese a esas manifestaciones, se advierte que los judíos se han integrado al grueso de la sociedad argentina y tienen mucho éxito en su vida. Inclusive en lo económico y cultural se han asimilado a la nacionalidad.
Notas especiales desde Malvinas, por los diarios porteños, incluyeron estos días menciones del trato especialmente desagradable que los oficiales argentinos daban a sus soldados en general, incluyendo la disparidad de las raciones alimenticias. Los de rango superior tenían diariamente hasta whisky, cigarrillos y latas de carne en salsa, afirmando el periodista que muchos argentinos pasaron hambre y frío por la falta de abastecimiento. Las casas deshabitadas que dejaron los isleños fueron ocupadas por los oficiales de nuestro país, con carteles en que se prohibía la entrada de sus propios soldados. El "gobernador" Mario Benjamín Menéndez firmaba al pie.
La minería y el cáncer
Recientes expresiones presidenciales con referencia a los enfrentamientos producidos en Catamarca y otros lugares del país respecto a la reclamada acción oficial para evitar la contaminación ambiental y del agua a consecuencia de las prácticas de mineras internacionales en el país, parecieron significar que el Gobierno no avalará las quejas, protestas y manifestaciones en ese sentido, afirmando que no existen constataciones de esos perjuicios.
Pero resulta interesante consignar expresiones del fiscal general de Tucumán, Antonio Gustavo Gómez, declarado defensor de las causas ambientales, chocando en consecuencia con aquel criterio oficial. Se manifestó sin embargo confiado en seguir llevando adelante las acciones de defensa de la población por los riesgos de contaminación, basado en que la opinión pública tiene una clara definición a favor de la defensa del ambiente.
Se ha dedicado específicamente a defender los reclamos populares contra la minera La Alumbrera, ubicada en Andalgalá, en Catamarca, y que llega a afectar ambientalmente las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero.
Uno de sus argumentos es que los médicos del hospital zonal de Andalgalá llevaron a cabo un trabajo de investigación en virtud del aumento de los casos de niños de ambos sexos con cáncer y la muerte de jóvenes por esa causa. Desde la radicación de la minera La Alumbrera, hace 15 años, aparecieron diferentes tipos de cáncer que se advierten en ciudades cercanas, mencionando que cada año se producen en esa localidad cinco casos de cáncer óseo en niños.
Además, la tasa media de jóvenes muertos por la mencionada patología en Andalgalá supera el promedio mundial, lo que merece un análisis especial.